Gestión financiera: Punto de equilibrio

Tipos de coste en una empresa

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Veremos en este vídeo cómo podemos clasificar los costes de nuestra empresa desde distintos puntos de vista.
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Transcripción

Es importante remarcar que el comportamiento de los costes no suele variar o diferenciarse por el tamaño de las empresas, sino más bien por el sector en el que operan. Es decir, los costes tienen un comportamiento diferente en una empresa de servicios, una peluquería, que en una empresa de fabricación de sillas y mesas. Atendiendo a este comportamiento, se pueden clasificar y ordenar desde muy diversas perspectivas que variarán en función del análisis que queramos realizar. Las empresas tiene una variedad, una diversidad de costes, en el ejercicio de su actividad. Y, por ello, vamos a hacer un repaso de las posibilidades que tenemos a la hora de elegir un criterio para agruparlos. Es decir, ¿cómo me interesa que aparezcan los costes en los informes económicos? Para el punto de equilibrio, la mejor opción será diferenciarlos entre costes fijos y variables. Pero previamente haremos un repaso a las clasificaciones más importantes y frecuentemente utilizadas. La primera será clasificar los costes según su naturaleza, es decir, agruparlos atendiendo a las características del propio coste, atendiendo a la causa que ha motivado su aparición. Para esta clasificación no tenemos que echarle mucha imaginación, porque se corresponde con la que viene impuesta por la normativa contable. De hecho, es el modelo de los planes contables vigentes en cada país. Y, por tanto, el formato para canalizar la información económica de las empresas, la que agrupa y vierte los datos, son los llamados estados contables. Por ejemplo, bajo el título de Materias primas, sumaremos en esta agrupación todos los costes que estén motivados por la compra de bienes tangibles, materiales que sirven para su transformación en otros productos. Servicios exteriores recogerá todos aquellos servicios que recibe una empresa por parte de otras empresas o personas externas. Aquí estarán los arrendamientos o alquileres, las reparaciones, transportes, pólizas de seguro, servicios de entidades financieras, publicidad o suministro de electricidad, agua, etc. Otro título sería Impuestos, que recogería aquellos costes que se generan gracias o provocados por las administraciones públicas. Los gastos de personal son uno de los títulos que acogen costes de mayor cuantía y proceden de las personas que aportan su trabajo para que la empresa funcione. No solo incluye el salario que estos perciben, sino también los gastos sociales que llevan asociados. Si agrupamos todos los costes cuya utilidad es financiar a la empresa, tenemos una agrupación llamada Gastos financieros. A su vez, la procedencia de estos costes casi siempre es un banco. Suelen ser los intereses, es decir, el precio por utilizar su dinero. Hay otra agrupación que podríamos hacer con aquellos costes que sirven para reflejar el valor que pierden los bienes inmuebles de nuestra empresa. Esta se llama Amortizaciones. Para los costes que no podamos incluir en ninguno de los epígrafes anteriores, siempre tendremos un título bajo el que agruparlos, llamado Otros gastos. En la actualidad, cualquier programa informático contable trabaja con esta clasificación de costes según su naturaleza, ajustándose así al plan contable oficial de cada país. Otra forma de clasificación usa como criterio dividir los costes según el departamento de la empresa que los haya provocado. Hacer una clasificación de este tipo tiene sentido si vamos a ejercer un control de los costes que genere cada uno de estos departamentos. Como consecuencia de esta reflexión, lo lógico es que haya un responsable por cada uno de ellos para controlar las desviaciones que pudiera haber con respecto a los costes previstos, considerando cada departamento como una unidad operativa. Podríamos considerar las siguientes agrupaciones. Costes de administración: serían los salarios del contador, administrativo, gastos de oficina, etc. Costes de producción: irían las materias primas, mano de obra de fabricación... Costes comerciales: aquí incluiríamos amortización de vehículos comerciales, dietas de comerciales o la publicidad. Costes logísticos: tendríamos gasoil del transporte, sueldos de los transportistas, reparaciones y amortizaciones de los vehículos... Coste de control de calidad: incluiríamos material de laboratorio, sueldo del responsable de calidad y cualquier otro vinculado a este departamento. Costes de control de recursos humanos: formación, salario del responsable del departamento o gestión de las nóminas. Otra forma de clasificar los costes es distinguir entre coste directo e indirecto. Esta clasificación tiene sentido si pretendemos saber lo que nos ha costado fabricar nuestros productos o prestar nuestros servicios, es decir, el coste de la producción. para que un coste se considere directo se tienen que dar dos circunstancias: que sea imprescindible para poder fabricar el producto o prestar el servicio –esto es, que si desaparece el producto, el coste no se produce– y que se pueda cuantificar exactamente la cantidad del coste directo que lleva cada uno de los productos fabricados de forma objetiva y por medios que resulten realmente aplicables en una empresa. La mayoría de costes directos son aquellos que entran dentro del proceso productivo: materias primas, sueldos de producción, amortización de maquinaria... También se pueden considerar costes directos los relacionados con su embalaje, transporte y comercialización. Hace unos años impartí un curso de control de costes en una fábrica de zapatos. Llegados a este punto, uno de los trabajadores me dijo: "Yo lo he entendido. Un coste directo es si toca zapato. Y en caso contrario, no lo es". Esta definición es la más exacta que he podido encontrar. Si de cada coste te preguntas si toca o no zapato, tienes claro si es directo o indirecto. Y, por fin, la forma de clasificar los costes según la cantidad de variación que experimentan en relación a la producción, que implica dividir todos los costes en dos títulos. Es la clasificación estrella y la más usada en contabilidad de gestión, la que más utilidad aporta para el control de gestión: costes variables y costes fijos. Costes variables: son aquellos que varían de forma proporcional a la variación de la producción; por ejemplo, la materia prima. Y costes fijos: aquellos que no varían o lo hacen de forma insignificante cuando varía la producción; por ejemplo, el coste por alquiler es un coste fijo indiscutible. Es conveniente realizar una clasificación estricta entre costes fijos y variables y no dar lugar a costes semifijos o semivariables, aunque en realidad podría hacerse. La utilidad de clasificar los costes de esta forma no es caprichosa. Simplemente es que esta clasificación, y no otra, es la que necesitamos para cocinar la fórmula del punto de equilibrio.

Gestión financiera: Punto de equilibrio

Domina el concepto de punto de equilibrio y el modelo de cálculo en el ámbito empresarial fundamental para la buena salud de una empresa y para garantizar su supervivencia.

1:32 horas (21 Videos)
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Fecha de publicación:30/03/2016

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