Gestión empresarial: Trucos semanales

Sé un líder, no un microgestor

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En esta serie semanal, Todd Dewett comparte contigo los trucos que aplican muchos gestores respetados y motivados para forjar buenas relaciones, abordar situaciones complicadas y hacer que su negocio prospere. Cada semana lanzaremos dos trucos. Veremos temas como evitar la temida microadministración, gestionar ambientes multigeneracionales, aprender a escuchar activamente y conocer las políticas de tu organización. Síguenos cada miércoles para descubrir más consejos.
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Transcripción

Muchos piensan que están siendo líderes, cuando en realidad actúan como controladores autoritarios. El microgestor clásico es muy común. Eres bueno y sabes cómo hacer las cosas, así que, cuando te promueven a líder, controlas a tus empleados para asegurarte de que su trabajo cumple con tus altos estándares. Pero debes saber que la microgestión daña rápidamente la relación y la cultura del equipo. Trates de enviar señales negativas o no, eso es lo que hace la microgestión. Le dice a tus empleados que no confías en ellos, que no son competentes, y sin controlar lo que hacen, tú piensas que no harán bien las cosas. Esto no debería ser así. Recuerda que tu trabajo debe centrarse en los resultados, más que en el proceso, enfócate en el qué, y deja que ellos se centren en el cómo. Puedes lograrlo con estos tres pasos: Primero, explica tus instrucciones y expectativas por adelantado. Cuanto más efectivo seas al asignar tareas desde el principio, menos necesidad habrá de microgestión. Asegúrate de hacer preguntas para verificar que entienden bien tus expectativas. A continuación, comprométete a esperar un cierto tiempo antes de verificar el progreso de tus empleados. Un objetivo es esperar a que haya pasado al menos el 60 o 70% del tiempo asignado. No solo necesitas ese tiempo para tu propio trabajo, sino que esta táctica también le dirá a tus empleados cuánto confías en ellos. Y, cuando les preguntes cómo van, cambia la forma de hacerlo. No solo debes hacerlo menos veces, sino de otra manera. En lugar de decir: "Déjame ver el trabajo", o "¿Ya está hecho?", ofrece tu ayuda en lugar de evaluar. Puedes preguntar: "¿Te está yendo bien?", o "¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?". El perfeccionista que hay en ti querrá controlar demasiado ciertas situaciones. Aunque tu experiencia es muy útil para tus empleados, dándoles más espacio y autonomía, les harás sentir competentes y seguros y aumentará la calidad de su trabajo. Ten más flexibilidad y te sorprenderá el trabajo que logran.