Aprende a ser asertivo

Por qué la asertividad no nos surge de forma natural

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No es fácil ser asertivo, y es que somos animales y tenemos una respuesta fisiológica al estrés de lucha o huida. Además, nuestra educación no fomenta la asertividad. Sin embargo, ser sumiso o agresivo no son las mejores opciones en la gran mayoría de situaciones y necesitamos un término medio.
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Transcripción

¿Por qué no es fácil ser asertivo? ¿Por qué no surge de forma natural? Creo que el primer motivo es que somos animales y tenemos una respuesta fisiológica de lucha o huida. Ante una situación estresante, por nuestra sangre fluirán sustancias químicas como la adrenalina. El objetivo de estas sustancias es ayudarnos a huir o responder luchando; pero generalmente, en el trabajo, huir o luchar no son respuestas apropiadas. Los animales solo tienen dos opciones: huir o luchar. Nosotros tenemos una tercera, que es conversar tranquilamente para lograr una solución que funcione para ambas partes. Esta es la esencia de la asertividad: no ser agresivo ni sumiso, sino, calmadamente, buscar un resultado aceptable para todos. Veamos lo fácil que es entrar en una situación de huida o lucha y lo inútil que es. Estaba haciendo un recorrido en bicicleta de 30 kilómetros. A poco de empezar, pasamos por una casa, y un pastor alemán me persiguió ladrando. Me asusté y pedaleé más rápido. Entré en el modo huida. La adrenalina se me disparó, pedaleé, fui más rápido que el perro y escapé. Entonces empecé a pensar «Ese perro se las verá conmigo». Sabía que al final de la ruta, pasaríamos por la misma casa. Me pasé los 30 kilómetros pensando en el perro. «Voy a agarrar el inflador de la bici, bajarme y gritarle». Al llegar, estaba dispuesto a ello. Ya tenía el inflador preparado, pero, por supuesto, el perro no apareció. Estaría durmiendo. Me pasé todo el recorrido enfadado, listo para este perro, y así quedó la cosa. Aún pienso en ello. No zanjé el asunto. Nunca me vengué del perro. Lo que debería haber hecho es olvidarme, pero es difícil, por todas esas sustancias químicas que fluyen por tu sangre. La moraleja de esta historia es que con un animal no hay opción, o dominas o te dominan, pero con una persona la tercera opción es la mejor. Otro motivo de por qué no somos asertivos automáticamente es nuestra educación. La escuela es como una jungla. Es una jungla donde huyes o luchas. Los niños no saben de asertividad. En este sentido, siguen siendo animales. Uno de mis compañeros tenía pánico a las avispas, ¿y qué pasaba? Cada vez que abría el escritorio, encontraba una avispa. Éramos terribles. Era una jungla. En nuestra educación, nuestra primera experiencia de socialización no fomenta la asertividad. Puede que los modelos de conducta que tenemos a esa edad sean nuestros padres, que quizás son buenos, pero puede que no. Puede que sean estrellas de rock o actores, héroes de acción o princesas. Podemos tener muchos modelos a seguir, y muchas veces no son muy constructivos en cuanto a la asertividad para las situaciones difíciles de la vida. Ya tenemos dos motivos: nuestra parte animal y nuestra educación, pero hay un tercero, y es que las otras dos opciones, ser agresivo o demasiado sumiso o pasivo, tienen ventajas tentadoras, pero no son tan buenas como suponemos. Solo nos lo parece. Piensa en las ventajas de ser agresivo. Creemos que si somos agresivos, conseguiremos lo que queremos, y puede que a veces funcione, pero la mayoría no, porque el otro nos lo devolverá o se vengará más adelante. Harás un enemigo y al final te costará más. Ser agresivo no es una buena estrategia de vida. ¿Y ser sumiso? ¿Dejar que los demás consigan lo que quieran para caerles bien? La ventaja que vemos es una vida más fácil y que todos te aprecien, pero en vez de decir algo al momento, acabas guardándotelo, no consigues lo que quieres, tendrás más estrés y nunca zanjarás el asunto. Un ejemplo de cuando no era asertivo: yo compartía la oficina con Paul. Me irritaba que no contestara mi teléfono cuando yo salía. Nunca me dejaba mensajes, y yo siempre le decía quién lo llamaba. Pero un día hizo algo que no me gustó nada. Trajo la comida a la oficina: huevo frito y alubias. Toda la oficina apestaba a alubias. Pensé que si lo volvía a hacer, le diría algo, y decidí no decir nada. Esperaría a la segunda oportunidad. Y nunca lo volvió a hacer. Lo ridículo es que años después seguía dándole vueltas y pensando que se lo diría, porque nunca zanjé el asunto. Y seguro que si lo volviera a hacer, me lo habría callado hasta que lo hiciera cinco veces. Entonces habría pasado de ser sumiso a ser agresivo y le gritaría «¡Paul, deja de comer eso!» Hubiera sido una mala reacción y él habría dicho que no sabía que me molestaba porque nunca lo dije. Guardárselo y explotar y pasar de un extremo al otro no es buena idea. ¿Qué podemos hacer? Lo primero es aceptar que somos animales y tenemos todas esas sustancias químicas circulando por nuestro sistema. Después deberíamos usar el poder de nuestro cerebro consciente para controlar cómo reaccionamos, para pensar antes de actuar, porque tenemos control sobre cómo actuamos. En esto consiste este curso. Ser consciente de ti mismo y usar las mejores estrategias. Veremos situaciones en las que podrías haber sido más asertivo. Quizás fuiste más agresivo de lo que deberías, o demasiado pasivo y permitiste que otros se salieran con la suya. Piensa en esas situaciones y si el término medio hubiera sido más productivo.

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Aprende qué significa la asertividad, en qué se diferencia de la agresión y cómo evitar respuestas violentas siendo asertivo gracias a técnicas específicas que podrás aplicar.

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Fecha de publicación:29/09/2016

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