Gestión financiera: Fondo de maniobra

Por qué es fundamental el fondo de maniobra

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La solvencia a la hora de hacer frente a nuestros pagos de la actividad normal de la empresa es el motivo de la gran importancia que tiene el fondo de maniobra.
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Transcripción

Hemos hablado de que debe existir un equilibrio entre los activos de una empresa y su financiación. En consecuencia, y para conseguir este equilibrio, el principio de prudencia financiera exige que las inversiones a largo plazo que constituyen el contenido del activo fijo deben financiarse con capitales permanentes, es decir, con fondos propios y pasivo a largo plazo. Por el mismo principio, esa correlación temporal nos lleva a plantear que la financiación del activo circulante, al tratarse de inversiones a corto plazo, se financiarían con recursos a corto plazo. Pero también sabemos que una parte del activo circulante, las existencias, no se recuperan a corto plazo porque se mantiene una cierta cantidad de forma continua, inmovilizadas, por lo que es aconsejable que sean financiadas con recursos a largo plazo. De aquí deducimos que es necesario, para mayor seguridad en los pagos, que el activo corriente sea superior a los pagos que deben realizarse en el periodo. Es necesario que exista un fondo de maniobra que dote y evite los desajustes entre la corriente de cobros y la de pagos. Acordémonos del símil del depósito de agua tan necesario para no vernos desabastecidos aunque haya cortes en la entrada de agua. para que este fondo pueda existir, es imprescindible que los recursos permanentes no solo financien la totalidad del activo no corriente, sino que también financien una parte del activo corriente, y esa parte es justamente el fondo de maniobra. El fondo de maniobra, por tanto, se puede definir como aquella parte del activo corriente que es financiado por el pasivo no corriente, es decir, con recursos a largo plazo. Sin duda, es más comprensible y más intuitivo definirlo como lo hemos hecho en la introducción, como aquel excedente del activo corriente de la empresa que nos queda después de hacer frente a nuestros compromisos de pago a corto plazo. La forma más sencilla de calcularlo es mediante la diferencia: activo corriente menos pasivo corriente. También ha quedado claro que el fondo de maniobra tiene que ser positivo, ya que de esta manera la empresa será capaz de atender sus compromisos de corto plazo. Si, por el contrario, el fondo de maniobra fuera nulo –activo corriente igual a pasivo corriente– o negativo –activo circulante inferior al exigible a corto plazo–, la empresa no sería capaz de atender sus obligaciones de pago en el corto plazo, y esto es una de las situaciones más graves que pueden suceder. La importancia del fondo de maniobra consiste precisamente en entender el funcionamiento del ciclo de explotación de una empresa. Reflexionar y comprobar que una parte de los activos circulantes no se recupera a corto plazo porque es reinvertida de forma continua, las existencias, por lo que se exige, se aconseja que sean financiadas con recursos a largo plazo, al menos una parte. Por eso es vital que exista un fondo de seguridad que cubra los desajustes entre la corriente de cobros y la de pagos. ¿Qué pasa si no conseguimos ese excedente? Si las existencias no son líquidas o tenemos retrasos en el cobro de los clientes, la empresa no dispondrá del "cash" suficiente para atender sus compromisos y se verá abocada a retrasar pagos con la consecuencia inmediata de generar alerta y desconfianza a proveedores, acreedores, trabajadores y entidades financieras. Si algo puede ser negativo para el entorno empresarial, es precisamente generar inseguridad en los pagos. Los proveedores, ante un retraso, no solo presionan para cobrar cuanto antes, también dejaran de suministrar a aplazado. Los problemas se duplican y las salidas se cierran. Una empresa puede soportar una situación de pérdidas incluso durante varios años, pero le resultará muy complicado sobrevivir a problemas de liquidez o resistir a los problemas de incumplimiento de obligaciones. En la gestión de la empresa, este tema requiere un mimo especial, una atención exquisita. El flujo de pagos no se puede romper, debemos permanecer muy atentos al nivel de depósito de seguridad y anticiparnos a posibles situaciones de iliquidez. Toda la actividad depende de este encaje, porque las consecuencias se encadenan de forma prácticamente instantánea. La alerta en los proveedores por un retraso en el pago provoca paralización en sus suministros. Esto conlleva a un desabastecimiento de nuestros almacenes y, como es de esperar, nuestra actividad se vería mermada. La consecuencia es un retraso en el servicio a nuestros clientes, que podríamos perderlos, y esto es irreversible, es una catástrofe porque conseguir y fidelizar un cliente es una tarea difícil, pero perderlo es cuestión de un solo error. Si una empresa no tiene clientes o no les atiende debidamente, los cobros esperados, la liquidez que tanto necesitamos se retrasa, incluso se anula. Si esto es así, la necesidad es buscar liquidez extraordinaria de una entidad financiera, presentándole un plan de acción que justifique y convenza al banco, o estaríamos abocados a un cierre de la empresa en un periodo más o menos corto. La gestión del fondo de maniobra no es tarea fácil, no es sencillo. Las existencias han de convertirse en productos y estos han de ser vendidos. Aquí generamos un derecho de cobro que deberá ser transformado en líquido. Es la capacidad de generar liquidez lo que permite el desarrollo de nuestra actividad. Hay dos condiciones básicas en las que se fundamenta la fiabilidad, la seguridad, la confianza para terceros y la tranquilidad para nosotros. La primera es que el fondo de maniobra debe ser positivo –más bienes y derechos que obligaciones–, y la segunda condición: que debe ser lo suficientemente líquido o realizable para no romper el flujo de pagos. Atendiendo a esta segunda condición, la estructura del activo corriente que se considera óptima es aquella en la que el disponible y el realizable igualan al pasivo corriente. ¿Y esto por qué debe ser así? Tiene una sencilla explicación. La parte que dejamos fuera son las existencias, su liquidez es más lejana pudiendo permanecer demasiado tiempo inmovilizada en nuestro almacén, en cuyo caso solo podríamos contar con el realizable y con el disponible. Si ambos igualan o superan al pasivo corriente, no tendremos problemas, pero si la suma de ambos resulta ser una cantidad inferior a las deudas, no habría nada que hacer, no tendríamos recursos líquidos para hacer frente a nuestros pagos. Reformulando las dos condiciones, diríamos que para que un fondo de maniobra fuera realmente óptimo, además de ser positivo, la suma del realizable más el disponible debe ser suficientes para hacer frente a todas las deudas a corto plazo. El fondo de maniobra es un pilar fundamental, posiblemente el pilar que más de cerca debemos atender.

Gestión financiera: Fondo de maniobra

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Fecha de publicación:11/05/2016

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