Comunicación interpersonal

Las seis actitudes de Elias Porter

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Elias Porter, un psicólogo que trabajó con Carl Rogers, estableció una tipología de seis actitudes que pueden ser útiles para comprender mejor nuestra relación con nuestro interlocutor: actitud de juicio, actitud de apoyo, actitud de decisión o de consejo, actitud de interpretación, actitud de investigación y actitud de comprensión.

Transcripción

Elias Porter, un psicólogo que trabajaba con Carl Rogers, estableció una tipología de actitudes que pueden ser útiles para comprender mejor nuestra relación con nuestro interlocutor. Una actitud de juicio: Reacciono en función de mis opiniones personales, así que apruebo o rechazo lo que me propone el otro, valido o condeno. Tengo, en este caso, tendencia natural a imponer mi punto de vista. Una actitud de apoyo: digo que todo va bien, brindo mi apoyo, desdramatizo, tranquilizo, animo, digo que no hay que preocuparse. Es una actitud que parece positiva, pero ¿reconozco verdaderamente el problema del otro?, ¿valoro realmente la importancia que este problema tiene para mi interlocutor? Este es otro ejemplo de actitud cuestionante. La actitud de decisión o de consejo: siento la necesidad de encontrar una solución, tomar una decisión, dar una respuesta. Expreso rápidamente las ideas que me vienen a la mente para aportar una solución. Decido que eso es lo que necesito, que la solución es buena y que hay que aplicarla. De hecho, hay una postura un poco de 'ir al rescate' en esta actitud, dar consejos, aportar soluciones, incluso si estas no convienen del todo para el problema del interlocutor, incluso si no ha tenido el tiempo de acabar su explicación o expresar el punto de vista de sus problemáticas. No he abordado probablemente el fondo del problema. ¿Es verdaderamente la solución correcta? ¿Conviene realmente a mi interlocutor? ¿Va a solucionar su problema? Pregunta más sutil: ¿Esto favorece su independencia, su confianza en sí mismo? ¿No estoy acaso posicionándome como el que sabe, imponiendo una dependencia de tipo madre e hijo, negándole al otro la capacidad de encontrar la respuesta a sus problemas, a encontrar los recursos en él? La actitud de interpretación: intento comprender lo que me dice el otro, no necesariamente reformulando lo que dice, sino añadiendo una interpretación personal. Esta interpretación es personal, pero estoy convencido de que es más bien una explicación, que es la verdad, que es el sentido oculto, que es realmente eso. De alguna manera, estoy convencido de que enriquezco la percepción del otro con explicaciones que no ha visto, cosas que no ha dicho. Esta actitud, como todas las demás en el fondo, puede ser una ventaja, puede ser positiva si se entiende, si respeta, si se utiliza siendo plenamente consciente y sobre todo con calma. Pero entraña riesgos, el de inventar las explicaciones que no corresponden para nada a la realidad, que están fuera de lugar, que no responden a las necesidades ni a la subjetividad de tu interlocutor. Se corre el riesgo también de hacerle decir lo que no ha dicho, lo que no quiere decir. Lo importante no es encontrar una explicación. ¿No serás un poco "explicante"? ¿Te acuerdas de los proyectos de sentido de la gestión mental? Lo importante es respetar la subjetividad del otro, resolver los problemas, mejorar las cosas, la comunicación, devolverle el poder a cada uno. Por otro lado, la actitud de investigación: quiero saber más, no me satisface lo que se dice, quiero ir más lejos, cuestiono una y otra vez. Si voy muy lejos, si entro demasiado en los detalles, corro el riesgo de dirigir al otro, de no dejarle hablar, de orientar la conversación. No sé si habrás leído a Platón, pero esto es muy típico de él. En sus Diálogos, Platón pone en escena a Sócrates, que interroga a su interlocutor –un sofista, por ejemplo– le pregunta, digamos, si sabe la diferencia entre el bien y el mal. El sofista le responde: "sin problema" o algo así. Sócrates le propone una primera pregunta inocente, una segunda, una infinidad, para precisar las palabras, para buscar los detalles. Y al final, llegamos a lo que se denomina una 'aporía', es decir, ningún resultado, nadie sabe dónde está. Sócrates concluye que no sabe nada, el sofista está completamente perdido y solo tiene un deseo: irse de ahí lo antes posible y no volver a ver a Sócrates. Si tu objetivo es encontrar la verdad filosófica de la existencia, es quizás una actitud correcta. Si, por el contrario, quieres establecer una relación y una comunicación con alguien, es algo problemático. Por último, la actitud de comprensión: estoy abierto, escucho, valoro la palabra del otro, le dejo sitio, espero, le dejo hablar, permanezco atento a lo que expresa, a lo que siente, mi interlocutor puede expresarse como considere. Y es esta actitud la que permite hacer emerger muchas cosas en la comunicación y que permite que la creatividad, la subjetividad e incluso las informaciones que quiere dar el otro, lo que quiere decir realmente, que todo esto encuentre su lugar.

Comunicación interpersonal

Aprende a comunicarte de una manera eficaz, para lo que es importante tanto expresarse bien como interpretar las respuestas y reacciones de nuestro interlocutor.

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Fecha de publicación:20/09/2016

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