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Cómo ejercer tu influencia

Las dos verdades de la influencia

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La influencia no es el arte y la ciencia de tener razón, sino de ser efectivo. Cuando tengas que ejercer influencia sobre alguien, no lo trates como si fuera un obstáculo de tu camino. En vez de eso, deshazte del obstáculo que impide que haga lo que quieres.
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Transcripción

Cuanto más preparados estamos, más nos importa algo y más convencidos estamos de que tenemos razón, mayor será el peligro de malinterpretar la influencia. ¿Por qué? No siempre tenemos razón, pero si sabemos lo que es mejor para el otro, podemos equivocarnos sobre su disposición a hacerlo. La influencia no es el arte y la ciencia de tener razón, sino de ser efectivo. Para ello, recuerda lo que yo llamo las dos verdades de la influencia. La primera es una verdad dura, pero la segunda fortalece. La primera es que la mayoría de personas no están motivadas a hacer lo que queremos que hagan. No ven por qué esa prisa. Están ocupadas con sus propias prioridades y crisis, o tienen sus propios motivos, para ignorar nuestras ideas. Nuestra prisa y nuestras buenas intenciones no tienen por qué ser las suyas. Nuestro enfado no deriva en su deseo de hacer lo que queremos. Nuestra frustración no es su motivación. Nuestra pasión para persuadir excede nuestra capacidad de convencer. Lo que nos persuade quizás no convence al otro. Ocurre siempre. Asesoré a un director frustrado por no influir tanto en su hijo como los demás padres. Se contraponían los motivos típicos de un chico de 13 años, de querer disfrutar a corto plazo, con el pensamiento de su padre a largo plazo sobre sus estudios, su nutrición, las películas que debería ver... Me dijo que todo cambió cuando aceptó que muchas de las diferencias entre él y su hijo eran inevitables, y que continuarían teniendo algunas dificultades y desacuerdos, pero que no pasaba nada. Cuando interiorizó eso, se abrieron otras posibilidades. Este hombre era alguien controlador, de una cultura que valoraba el control emocional. Dijo que seguiría alerta por el futuro de su hijo, pero que su hijo le enseñó la importancia de entender los sentimientos de los demás. Lo ayudó a ser un mejor padre y un mejor jefe. Podemos aceptar la primera verdad de la influencia sin comprometer nuestras normas o nuestra integridad, y al hacerlo, podemos abrir nuevas posibilidades de conectar e influir. Esto nos lleva a la segunda verdad de la influencia, la que fortalece. Todos pueden ser alguien influyente, empezando ahora mismo. Todos y ahora. Parafraseando a Barnum, aunque no puedes influir en todo el mundo todo el tiempo, sí puedes influir en más personas más tiempo. El lado científico del arte y la ciencia de la influencia lo confirma. Tienes que interpretar esto como algo más que teoría. Tiene que ser una verdad motivadora que te ayude a redefinirte en un momento de frustración. Fortalécete en el eje de la influencia. Si crees que influir es decir «Deberías hacer lo que quiero», estarás siempre decepcionado y perjudicarás tus relaciones y tu reputación, porque nadie quiere que lo traten como un objeto o un obstáculo del que deshacerse. Considerar la influencia como una habilidad que mejora las posibilidades de éxito con la preparación y la práctica, que nunca es aburrida y que es la mejor forma de conseguir grandes cosas para ti y la gente que te importa. Esto es fortalecedor y emocionante. Una persona influyente debe adaptar su enfoque a cada persona y situación. Un amigo que trabaja en cine me dijo que Clint Eastwood era el único director que no gritaba «¡Acción!» y «¡Corten!» para empezar y acabar las escenas. Todo venía de su experiencia trabajando en Westerns, donde los directores gritaban y ponían nerviosos a los caballos, que empezaban a correr y estropeaban la escena. Los directores se quejaban de los caballos. Nunca se les ocurrió probar un método distinto o ver que eran ellos los que causaban el problema. Cuando Eastwood empezó a dirigir, en vez de gritar «¡Acción!», decía tranquilamente «Vamos». Al final de una escena, decía «Supongo que ya está». Y si algo salía mal, en vez de gritar «¡Corten!», decía apaciblemente algo como «Es suficiente». Eastwood razonaba que, al igual que los caballos, las personas tienen un sistema nervioso central, así que hay que tratarlas bien. Nunca te olvides de las dos verdades de la influencia. Cuando tengas que ejercer influencia sobre alguien, no lo trates como a un obstáculo de tu camino. Deshazte del obstáculo que impide que haga lo que quieres. Ayuda a los demás a hacer lo que quieres y a que se dejen influir.

Cómo ejercer tu influencia

Ejerce influencia en otras personas gracias a unas metodologías probadas científicamente con las que aprender a determinar los mejores pasos cuando los demás busquen tu consejo.

1:21 horas (28 Videos)
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