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Gestión empresarial: Trucos semanales

Gestiona el rendimiento bajo

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En esta serie semanal, Todd Dewett comparte contigo los trucos que aplican muchos gestores respetados y motivados para forjar buenas relaciones, abordar situaciones complicadas y hacer que su negocio prospere. Cada semana lanzaremos dos trucos. Veremos temas como evitar la temida microadministración, gestionar ambientes multigeneracionales, aprender a escuchar activamente y conocer las políticas de tu organización. Síguenos cada miércoles para descubrir más consejos.
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Transcripción

Si todos trabajaran muy bien todo el tiempo, no necesitaríamos líderes. Pero en realidad, hay problemas de rendimiento que debes solucionar. La mayoría no disfruta de esta parte del liderazgo, pero los mejores líderes, nunca rechazan tareas difíciles. Dicho esto, estás ocupado y no puedes corregir y orientar a la gente todo el tiempo. Debes obtener el máximo provecho de tu participación. Piensa en estas dos preguntas y podrás tomar la decisión correcta. Primero, ¿el comportamiento en cuestión es un patrón o un hecho aislado? A menos que el hecho aislado sea un problema grave, identifica un patrón de desviaciones de rendimiento antes de intervenir. Segundo, ¿el área de rendimiento es de gran o menor importancia? A veces, podrías molestarte cuando alguien no hace algo como te gusta que se haga pero evita intervenir hasta que la desviación esté afectando la productividad o la moral. Después de esas preguntas, es el momento de actuar. Si intervienes, respeta al empleado teniendo una conversación privada. Sé muy positivo, pero sé claro al explicar tu observación. Tu objetivo es dialogar con el empleado para encontrar la causa del comportamiento y es posible que tú seas parte del problema, quién sabe, tal vez tus instrucciones no fueron claras o no le diste los mejores recursos para hacer el trabajo. En general, debes averiguar si el problema de rendimiento es por la falta de habilidad o la falta de motivación. El motivo suele ser uno de ellos, pero no supongas que sabes cuál es, deja que la conversación te dé la respuesta. Si el problema es la capacidad, piensa en soluciones que la mejoren, como capacitación u orientación. Si el problema es la motivación, piensa en el apoyo interpersonal que estás dando. También debes analizar si las habilidades del empleado son coherentes con las necesidades del trabajo. Podría estar en el puesto equivocado, o tal vez sus habilidades no encajan en el papel actual. Después de llegar a un acuerdo, aclara bien las consecuencias si el comportamiento no cambia. El empleado debe saber que no puede tener un rendimiento bajo continuo. Por último, mantén los ojos bien abiertos. Recuerda supervisar discretamente su progreso. Corregir problemas de rendimiento puede ser difícil, pero si se hace bien, puede ser gratificante. Sigue estos consejos y podrás encaminar a tu empleado.