Gestión financiera: Endeudamiento

Fondos propios versus deuda

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La eterna pregunta con la respuesta más codiciada entre los emprendedores. Aportar más dinero o pedir más crédito a los bancos, esa es la cuestión.
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Transcripción

La estructura financiera óptima es aquella que hace máximo el valor de la empresa o, lo que es lo mismo, hace mínimo el coste de los recursos financieros que utiliza. Y una de las primeras, aunque también posteriores, decisiones que ha de tomar un emprendedor o un empresario es el tipo de financiación que va a emplear para iniciar su empresa. Las posibilidades que tiene una empresa para elegir el tipo de financiación son solo dos: fondos propios o financiación ajena. La primera, los fondos propios. En el caso de una sociedad limitada o anónima, recordemos que se consideran fondos propios a aquellos capitales que son puestos a disposición de la empresa por sus socios sin que después se les vaya a exigir ni su devolución ni el pago de unos intereses, tan solo se les puede exigir una parte de los beneficios, que serían los llamados dividendos. Y si se trata de un empresario individual, un autónomo o una comunidad de bienes, se consideran fondos propios al dinero que aportan a la actividad económica, normalmente sus ahorros, sin que después tampoco suponga para dicho empresario un coste explícito. La otra posibilidad, la de la financiación ajena, serían aquellos capitales que conseguimos de terceros ajenos a la empresa, a los que sí estamos obligados a devolver en un mayor o menor plazo. Y, claro, este tipo de financiación lleva un coste de intereses asociado, a excepción del crédito comercial, el conseguido de los proveedores. Así pues, si nuestra empresa necesita para su funcionamiento unas inversiones totales o una estructura económica –nave, maquinaria, mobiliario, dinero en cuentas–, por ejemplo, de unos 100 000 euros, deberemos decidir qué parte de estos 100 000 euros los financiamos con fondos propios y qué parte con financiación ajena. En principio parece de sentido común pensar: "Lo mejor es financiar todo o casi todo con fondos propios, puesto que la empresa no va a tener un coste financiero y no va a tener que devolver el capital en condiciones normales". Sin embargo, en economía a veces las cosas no son lo que parecen y esta decisión dependerá de la rentabilidad esperada y del precio del dinero. Esto al principio es difícil de prever, pero si estimamos que la rentabilidad de la empresa estará por encima del precio del dinero no debemos preocuparnos por crecer a costa de capital ajeno. El problema en este caso es que al inicio de la actividad normalmente tendremos limitaciones para disponer de ambos tipos de financiación, y a esto se une un hándicap más: no podremos demostrar esa alta rentabilidad esperada más allá de un riguroso plan de viabilidad. Entonces cobra una importancia extraordinaria aportar fondos propios porque suele ser una garantía de confianza. Ningún inversor o banco pondrá trabas si vamos de la mano en el proyecto, es decir, si solicitamos una parte similar a la que arriesgamos nosotros mismos. Por el contrario, si depositamos todo el riesgo financiero en un tercero, probablemente no lo consigamos. Una excepción a esta regla son los modelos de financiación, por ejemplo, los llamados "business angels", en los que el inversor entra en la empresa, dirige el proyecto y en ocasiones acaba adueñándose e incluso expulsando al creador del proyecto. Cuando la empresa esté en funcionamiento, la cosa será distinta, ya que podremos demostrar con resultados la rentabilidad de la empresa. En ese momento cualquier prestamista mostrará su mejor disposición. Se dice que los bancos prestan dinero cuando se les demuestra que no lo necesitamos. En cualquier caso, la proporción entre fondos propios y ajenos debería mantenerse en una proporción respecto al 40 o el 60 % dependiendo del tipo de actividad. Cuando en la empresa se da esta proporción, decimos que su financiación está bien equilibrada. Obviamente esta afirmación se basa en una serie de hipótesis implícitas, tales como que la empresa está obteniendo un rendimiento suficiente y una liquidez del activo que se corresponde con el destino y los plazos de vencimiento de su exigible. Si suponemos que la empresa tendrá una rentabilidad inferior al precio del dinero y tendremos menos beneficios de los que nos daría un banco por tenerlo sin riesgo en un plazo fijo, no sería adecuado endeudarnos. En ese caso nos conviene aportar fondos propios para realizar la inversión. Estaríamos en una situación extrema con una rentabilidad económica inferior al precio del dinero.Esto implica proyectar una empresa sabiendo que nos va a aportar menos rentabilidad que cualquier banco. Tan solo sería entendible en caso del autoempleo, es decir, un autónomo que considera suficiente tener un empleo y un sueldo a pesar de tener una rentabilidad mínima o ninguna rentabilidad. Si no estamos en el caso del autónomo, vale la pena replantearnos el proyecto antes de invertir el dinero, el tiempo y la ilusión.

Gestión financiera: Endeudamiento

Descubre cómo calcular los distintos tipos de endeudamiento y cuáles son los idóneos para conseguir fondos, ya que para una empresa decir endeudamiento es decir financiación.

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Fecha de publicación:11/05/2016

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