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Ingeniería social para IT

El menos común de los sentidos, aunque parezca mentira

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El sentido común, o el menos común de los sentidos, es la principal herramienta de que disponemos para evitar caer en las tretas de un ingeniero social. Veremos cuáles son las preguntas clave que debemos hacernos.

Transcripción

Un dicho popular dice que "el sentido común es el menos común de los sentidos". Nos gusta pensar que somos seres hiperracionales, que todo lo que hacemos o pensamos está justificado por la gran inteligencia que creemos poseer, pero lo cierto es que somos mucho más impulsivos e instintivos de lo que nos gusta aceptar. Los animales –y nosotros somos animales– centran la atención de sus procesos mentales en la supervivencia. En el caso del ser humano, eso implica trabajo, estatus social, relaciones familiares, amorosas y de amistad y muchas otras cuestiones. Es tan ingente la cantidad de datos que llega a nuestro cerebro en cada instante a través de nuestros cinco sentidos, que el cerebro tiene que filtrar y solo una mínima parte de los datos que recibimos pasan a ser información analizada de forma racional. Por eso, lo que realmente hace nuestro cerebro ante una nueva situación es emitir una respuesta instintiva. Más tarde, cuando los datos se convierten en información que podamos procesar, lo que nuestro cerebro hace no es decidir, porque eso ya lo ha hecho, lo que hace nuestro raciocinio –sobre el que creemos tener control– es justificar la decisión que se ha tomado de forma instintiva. Es decir, gran cantidad de nuestras decisiones, sencillas o complejas, desde elegir la ropa que vamos a vestir hasta aceptar o rechazar una oferta de trabajo, vienen motivadas por una respuesta instintiva, que luego mediante la razón justificamos. Es bastante raro que una decisión visceral cambie mediante el razonamiento consciente, aunque no es imposible, desde luego. Por este motivo, el sentido común es tan poco común y la ingeniería social tan efectiva, porque nuestro instinto de supervivencia como seres sociales nos impulsa a confiar en los demás y a ayudarles, nos dificulta a negarnos a una petición y se regocija en él con las alabanzas de nuestros semejantes. Como se suele decir: "Dos orejas para escuchar, una boca para hablar". Este dicho popular nos invita a prestar atención antes de reaccionar, a valorar todos los datos de que disponemos y a no emitir juicio ni decisión sin contar con la información suficiente para que esta esté plenamente justificada. Este es el primer ingrediente del sentido común: la información que podemos adquirir y procesar para alimentar nuestros procesos racionales. El segundo elemento es el tiempo. Las reacciones instintivas son instantáneas, viscerales. El razonamiento requiere tiempo. Debemos tener en cuenta que pensamos en base al lenguaje que conocemos, por eso cuando desconocemos una palabra, explicamos el concepto. Y cuando descubrimos, inventamos o imaginamos algo que no tiene nombre, lo describimos mediante comparaciones con otras cosas que sí existen en nuestro lenguaje. El razonamiento humano es plenamente dependiente del lenguaje e incluso del idioma nativo de la persona. Hablar, aunque sea para nosotros mismos, en nuestros pensamientos, requiere tiempo, y solo mediante esa conversación interna se desarrolla el razonamiento y la lógica. Los instintos no tienen lenguaje, tienen reacciones. Pero la razón necesita de lenguaje, tanto para ejercerse como para expresarse, y por tanto necesita tiempo. En conclusión, si prestamos atención a la información y nos damos tiempo para procesarla, podremos tomar decisiones racionales. La dificultad está en anular la respuesta instintiva, pero es la única forma en que podemos hacer que el sentido común predomine sobre el instinto. La voluntad es el primer recurso de las personas a la hora de reprimir los instintos, pero la voluntad es un recurso demasiado volátil y circunstancial que no es suficiente y desde luego no es efectivo a largo plazo. Sin embargo, la creación de hábito sí ayuda. Los hábitos se acaban por convertir en reacciones mecánicas, automáticas, pero que se han construido de forma artificial. Ese es el objetivo a conseguir con nuestros ejercicios de toma de decisiones. Debemos hacer que los procedimientos de trabajo y de compartición de información sean nuestro estándar de actuación. De forma que cuando alguien intente quebrantarlos apelando a nuestros instintos, nos cause rechazo, ya que está intentando modificar nuestros hábitos. Si los procedimientos y protocolos que convertimos en hábitos están bien diseñados, nos encauzarán por el buen camino a la hora de requerir toda la información necesaria para la toma de decisiones y además, durante el proceso de recogida de información, estaremos ganando tiempo para que nuestra respuesta instintiva se desvanezca, dando paso al razonamiento. Los protocolos más optimizados en situaciones de tipo muy repetitivo, como por ejemplo un control de accesos, ni siquiera serán dependientes del sentido común de quien los ejecuta, ya que le bastará con aplicarlos de forma estricta para evitar cometer errores, y en caso de conflicto, dado que el protocolo es el hábito, lo que dictará el sentido común es consultar a la persona responsable del protocolo para que aplique su sentido común de forma no condicionada por un interlocutor desconocido.

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Temas:
IT
Seguridad IT
Fecha de publicación:12/09/2016

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