Ingeniería social para IT

Clasificación de personalidad según la ingeniería social

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Analizaremos algunos esquemas de clasificación de la personalidad empleados en ingeniería social para identificar a los tipos de personas y cómo deben ser tratadas para que la ingeniería surta efecto de forma eficiente.

Transcripción

Dice Sun Tzu, en El Arte de la Guerra: "Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo, en cien batallas nunca saldrás derrotado". Si desconoces a tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla. Así pues, tanto para atacar con ingeniería social como para defenderse de la misma hay que conocerse sobre todo a uno mismo. Clasificar a las personas en grupos en función de ciertas características de su personalidad es una simplificación muy extrema de la psicología y de la forma de ser de cada individuo. Pero cuando alguien realiza un ataque de ingeniería social tiene que decidir qué medios son los más adecuados para interactuar con una víctima cuya personalidad le es desconocida, por lo que deberá basarse en unos pocos indicadores que le permitan clasificarla en un gran grupo. Por ejemplo, saber si una persona es extrovertida o introvertida, dominante o sumisa no define ni de cerca la personalidad completa de un individuo, pero ayuda al ingeniero social a encaminar la forma en la que se relacionará con esa víctima para influir en ella o para manipularla. Por tanto, quede claro que las clasificaciones que pueden considerarse poco científicas son simplificaciones muy extremas de la personalidad que pueden indicar pautas de actuación pero a las que se recurre cuando no se dispone de medios más profesionales y rigurosos. Hay que tener en cuenta que estas clasificaciones de personalidad pueden funcionar a nivel estadístico, pero no son infalibles a nivel de individuo. Si aplicamos un análisis de nuestro propio perfil según estos criterios de clasificación, sabremos cómo podrían etiquetarnos otras personas y cual serían los medios más eficientes de interactuar con nosotros, que nos hiciesen más vulnerables a un ataque de ingeniería social. En resumen, se trata de saber cómo nos podría clasificar nuestro enemigo para saber qué vulnerabilidades intentaría explotar. La teoría de clasificación generalista más extendida y que se ha extrapolado a campos específicos como la ingeniería social o las ventas es la desarrollada a principios del siglo XX por el padre de la psicología analítica Carl Gustav Jung, en su libro "Tipos psicológicos". Jung definía dos variables a considerar: la actitud y las funciones. La actitud de una persona la definimos en función de si es introvertida o extrovertida. Las funciones psicológicas son: sensación e intuición –las irracionales– y pensamiento y sentimiento –las racionales–. Según Jung, las cuatro funciones están presentes en todas las personas, pero normalmente una función predomina sobre las otras tres. Así pues, cuando actuamos irracionalmente, podemos dejarnos guiar por sensaciones o intuiciones, y cuando actuamos racionalmente, por el pensamiento o el sentimiento. Si a esto le sumamos que podemos ser introvertidos o extrovertidos, nos estaremos clasificando en un total de ocho subgrupos. Ponderando la medida en que nos regimos por dichas funciones, nuestra personalidad se encontrará en un determinado cuadrante o en otro, de forma que si la persona que interactúe con nosotros favorece nuestra forma de pensar, nos sentiremos mucho más cómodos y por tanto seremos más cooperativos con ese atacante. Las personas reflexivas son las que se guían principalmente por el pensamiento, se basan en datos y necesitan procesarlos y meditarlos. Mientras que los extrovertidos tomarán información de tipo cuantitativo, los introvertidos se orientarán a las valoraciones cualitativas. Aquellas personas en las que predomina la función del sentimiento son muy abiertas y expresivas en caso de ser extrovertidos, mientras que los introvertidos se aíslan del entorno y paradójicamente pueden parecer insensibles a los demás. Llamamos perceptivas a las personas guiadas por las sensaciones, buscan lo tangible, lo que pueden experimentar por sí mismos. Pero mientras que los extrovertidos son más vulnerables al ir buscando nuevas fuentes de estímulo, los introvertidos construyen su propia realidad subjetiva en función de esos estímulos que perciben. Los intuitivos extrovertidos destacan tanto por su optimismo como por su falta de constancia, mientras que los intuitivos introvertidos practican ese optimismo en forma de ensoñación sin llegar a iniciar los proyectos. Básicamente podemos decir que si somos extrovertidos es más fácil que difundamos nuestros pensamientos y conocimientos si se estimula la función adecuada. Mientras que si somos introvertidos, somos más crípticos pero también podemos sentirnos más incomprendidos, por lo que la empatía guiada por nuestro tipo de función predominante puede ser efectiva para bajar nuestras defensas. Identificar si somos personas competitivas, reflexivas, activas o pasivas, analíticas o ensoñadoras nos puede ayudar a entender cómo mostramos esas características a los demás y cómo las perciben quienes quieren influir en nosotros o manipularnos. Si nos conocemos a nosotros mismos y sabemos cómo nos puede ver el atacante, podremos saber frente a qué actitudes somos más vulnerables y de este modo estar alerta. Además, hay que tener en cuenta que la relación entre las distintas funciones no es constante, sino que cambia según el hábitat en el que nos encontramos. Los cambios no son radicales, pero sí perceptibles. Por ejemplo, una persona puede ser predominantemente reflexiva y metódica en el trabajo, puramente orientada a objetivos, mientras que en familia puede ser más ensoñadora, o viceversa. No debemos olvidar que los tipos psicológicos de Jung son una simplificación muy extrema y poco científica de los individuos en una sociedad-grupo, pero nos valen como guía básica. Además, siempre se dice en los estudios científicos que la observación influye en el sujeto observado, por tanto, si nos estudiamos de forma consciente a nosotros mismos, por ejemplo en base a las teorías de Jung o sus derivadas, estaremos influyendo en nuestro comportamiento y tenderemos a reforzar lo que podrían ser puntos débiles.

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Temas:
IT
Seguridad IT
Fecha de publicación:12/09/2016

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