Cómo desarrollar la inteligencia emocional

Autorregulación emocional y pasos para el autocontrol

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Vamos a trabajar en moderar nuestras propias reacciones, si se trata de emociones negativas o si son extremadamente positivas. De tal forma podremos ir consolidando los vínculos de manera que resulten efectivos para nuestro quehacer cotidiano. Vamos a profundizar en cómo lograrlo.

Transcripción

La autorregulación emocional se vincula con el control emocional que nosotros podemos hacer sobre nuestras propias emociones, sin que esto signifique que vamos a estar suprimiendo o reprimiendo nuestras emociones, sino que vamos a estar regulándolas, canalizándolas apropiadamente, tal vez modificándolas para que su expresión pueda resultar adecuada en cada situación. Vamos a trabajar en moderar nuestras propias reacciones, si ellas son negativas o si son extremadamente positivas, de tal forma de poder ir consolidando los vínculos de manera que resulten efectivos para nuestro quehacer cotidiano. Vamos a controlar nuestros impulsos, lo que va a significar la punta para poder buscar nuevas estrategias sociales. ¿Cómo podemos lograr ese autocontrol? En primera instancia, aceptando que cada uno de nosotros somos dueños de nuestros propios comportamientos, nosotros somos los que vamos a decidir qué comportamientos vamos a tener frente a diferentes situaciones. Esto es muy fácil de decir, pero muy difícil de hacer, por supuesto. Efectivamente, requiere de mucha ejercitación y de mucho trabajo con uno mismo. Es importante preguntarnos, cuestionarnos acerca de lo que nos está pasando, qué estamos sintiendo, estamos pensando, cómo nuestros pensamientos se conectan con nuestra corporalidad, cómo nuestra corporalidad se conecta con nuestras emociones, qué nos hace explotar, qué hace explotar a los que tienes alrededor. Todo este trabajo de pensamiento y de involucramiento interno que vamos desarrollando impacta en el impulso a la expresión de la emoción, y es justamente el impulso lo que vamos a tener que controlar. Es inteligente emocionalmente aquella persona que puede, de alguna manera, diferir las reacciones, haciéndolas mediar a través del pensamiento. Esta es la clave para poder aceptar que nosotros somos dueños de nuestros comportamientos. Si nosotros somos capaces de diferir nuestras reacciones, de preguntarnos antes de actuar, de ir cuestionando y dilucidando lo que nos va sucediendo, vamos a poder decidir cada vez más cuáles son los comportamientos más adecuados en cada circunstancia. Entonces, para poder diferir las reacciones, vamos a tener que pensar antes de actuar y vamos a intentar ser coherentes con nuestros comportamientos. Aunque no tenemos que ser rígidos, porque seguramente cada situación va a requerir de nosotros un modo de comportarnos distinto. Vamos a ver, entonces, algunas técnicas para aumentar el autocontrol y tranquilizarnos frente a situaciones que nos generan alto estrés, para no explotar y no tener reacciones desmedidas; técnicas muy sencillas que en algunos casos pueden ser efectivas para todas las personas y en otros, algunas de ellas más efectivas que otras, dependiendo de cada uno. Lo primero que podemos hacer para aumentar nuestro autocontrol es cuando, en alguna medida, sintamos que estamos un poco desbordados, es tomarnos un tiempo, contar hasta diez, hasta cien, hasta mil, lo que sea necesario, porque estoy eligiendo permanecer calmado, pero realmente estar concentrado en la cuenta, y no estar rumiando pensamientos que vayan exacerbando nuestro estado de descontrol. Controlar la respiración mientras contamos es una buena manera de tranquilizarnos. Podemos tomar momentáneamente distancia de la persona o la situación que provocan el enojo, hasta poder sentir que estamos dispuestos a responder sin ira. Podemos salir al baño, si tenemos que volver pronto, o podemos pedir volver a reunirnos al día siguiente. Podemos mostrar nuestro enojo, pero una cosa es el enojo y otra cosa es la ira. La ira es un estado desbordado de enojo, casi irracional. Por eso es importante que no expresemos la ira frente a los demás y menos en el ámbito laboral. Podemos optar por expresar de forma clara y tranquila cuál es el motivo de nuestro enojo, una vez que nos hayamos calmado. Podemos salir a hacer actividad física o alguna actividad que nos permita liberar adrenalina. La adrenalina es una hormona que nos produce un gran vértigo y que no nos permite pensar. Frente a una situación de peligro, nuestro organismo genera adrenalina. ¿Y para qué sirve la adrenalina? Para actuar instintivamente y para no pensar. Cuando estamos muy adrenalínicos, seguramente vamos a tomar decisiones que no son las más adecuadas. Entonces, si salimos a hacer alguna actividad que libere adrenalina, seguramente nuestra mente podrá trabajar de una forma mucho más efectiva. Escribir lo que estamos sintiendo para liberar ese sentimiento; los demás pensarán que solo estamos tomando notas. Compartir la situación que nos descontrola con un amigo, un mentor o alguien de mucha confianza que nos pueda ayudar a calmar. Y siempre pensar en primera persona sobre el problema que estamos teniendo. No eres tú el que me pone nervioso, soy yo el que me pongo nervioso frente a determinadas situaciones. En palabras de Goleman, tal vez no hay habilidad psicológica más esencial que la de resistir el impulso. Ese es el fundamento mismo de cualquier autocontrol emocional, puesto que toda emoción, por su misma naturaleza, implica un impulso para actuar. Recordemos que el mismo significado etimológico de la palabra emoción es el de'mover'. El impulso es el vehículo de la emoción, y la semilla de todo impulso es un sentimiento expansivo que busca expresarse en la acción. Podríamos decir que quienes se hallan a merced de sus impulsos, quienes carecen de autocontrol, tienen una deficiencia moral, porque la capacidad de controlar los impulsos constituye el fundamento mismo de la voluntad y del carácter. El autocontrol es la capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad, la sensación de control interno. Mientras que las áreas sensoriales maduran durante la temprana infancia y el sistema límbico lo hace en la pubertad, los lóbulos frontales, sede del autocontrol emocional, de la comprensión emocional y de la respuesta emocional adecuada, siguen desarrollándose posteriormente durante la tardía adolescencia, hasta algún momento entre los 16 y los 18 años de edad. Los hábitos de control emocional que se repiten una y otra vez a lo largo de toda la infancia y la pubertad van modelando las conexiones sinápticas. De este modo, la infancia constituye una oportunidad crucial para modelar las tendencias emocionales que el sujeto mostrará durante el resto de su vida, y los hábitos adquiridos en esa época terminan grabándose tan profundamente en el entramado sináptico básico de la arquitectura neuronal que después son muy difíciles de modificar. Si el desarrollo del carácter constituye uno de los fundamentos de las sociedades democráticas, la inteligencia emocional es uno de los armazones básicos del carácter. La piedra de toque del carácter es la autodisciplina, la vida virtuosa, que, como han señalado tanto filósofos desde Aristóteles, se basa en el autocontrol. Por eso es importante que elijas las técnicas que mejor te sirvan y que practiques. En resumen, lo que debemos hacer es no tomar acción, esperar para actuar, pensar primero, utilizar las técnicas para calmarse y controlar impulsos y reacciones. Puedes comenzar ya mismo: piensa qué fue lo último que hizo disparar tu emocionalidad, qué técnica de control crees que podría ayudarte en el futuro si la situación volviera a repetirse. Pruébala.

Cómo desarrollar la inteligencia emocional

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Fecha de publicación:8/06/2017

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