El mundo de las finanzas nos obliga a tomar decisiones que afectan a nuestro futuro y a la gente que nos rodea. Por eso debemos saber gestionar nuestras emociones y las de los demás. Cada día se le da más importancia a la inteligencia emocional financiera, entendida como la canalización de las emociones en beneficio de una buena gestión y de la persona que toma o a la que afectan las decisiones. La inteligencia emocional financiera tiene como objetivo conocer nuestras limitaciones, comprender cómo las emociones repercuten en nuestras decisiones y utilizar este conocimiento para mejorar nuestra gestión.

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